Tengo incontinencia, ¿Donde falla el circuito?

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina, que aunque la opinión general la atribuye a personas de edad avanzada y sobretodo a mujeres, puede afectar a todos los grupos de población, edades y sexos. De hecho, afecta a 1 de cada 5 personas mayores de 65 años, más a mujeres pero sin gran diferencia con los hombres, y aumenta con la edad.

 



Para la persona que la padece, implica un gran impacto en la calidad de vida, siendo un problema social e higiénico. Para poder entender porqué se produce la incontinencia y cuáles son sus dianas de tratamiento, es importante primero entender  cómo funciona nuestro cuerpo de forma normal, consiguiendo aguantar la orina durante tiempo y vaciar la vejiga cuando nosotros deseamos orinar. 

 

 

En el tronco cerebral existe un núcleo llamado centro de la micción, que se encarga de comunicar al cerebro (conscientes) con la vejiga y esfínteres a través de la médula espinal (nervios que bajan por dentro de la columna vertebral). Los nervios que controlan los músculos de la vejiga y del esfínter interno son autónomos, lo que significa que nosotros no los podemos controlar de forma consciente. La musculatura esfinteriana externa en cambio sí que es voluntaria, de modo que nosotros la podemos controlar (por ejemplo cuando cortamos el chorro de pis). 

 

La mayor parte del tiempo la vejiga se encuentra en fase de almacenamiento o llenado, pues orinamos contadas veces al día, de modo que si nosotros no damos orden de orinar, el centro de la micción se encarga de mantener la vejiga en fase de llenado mientras acumula la orina y a los esfínteres cerrados para que no haya pérdidas. Cuando la vejiga alcanza más o menos la mitad de su capacidad, manda un mensaje a través de los nervios de la columna vertebral al centro de la micción que a su vez informa al cerebro y nosotros tenemos la primera sensación de ganas de orinar, sin que sea muy intensa. En ese momento nosotros empezamos a pensar cuándo y dónde queremos orinar.

 

A medida que la vejiga vaya acumulando más volumen de orina, mandará mensajes cada vez más intensos y nosotros sentiremos por tanto ganas más fuertes de hacer pis. Cuando por fin decidamos que queremos orinar, el centro de la micción da la orden a la vejiga y a los esfínteres de que se inicia la fase de vaciado o micción, en la que el músculo de la pared de la vejiga se contrae para empujar la orina hacia el exterior,  y los esfínteres tiene que relajarse para dejarla salir. Una vez vaciada la orina, vuelve a empezar el ciclo y por tanto la fase de almacenamiento.

 

Cómo ves, se precisa gran coordinación  de nuestro cuerpo para que se realice de forma correcta no sólo la micción, si no para mantener la fase de llenado para que no se produzcan pérdidas involuntarias de orina. La musculatura de la vejiga y la de los esfínteres tiene que funcionar al contrario, de manera que cuando una está relajada la otra tiene que estar contraída. Además existen diferentes señales y órdenes nerviosas que controlan todo el proceso des del cerebro, tronco, médula ósea y a nivel local en vejiga y esfínteres. 

 

 

Cuando alguno de estos procesos falla puede aparecer la incontinencia. Si logramos identificar el punto del fallo, podremos intentar corregirlo. Existen fármacos diferentes y algunas cirugías cuyo trabajo es ir de forma dirigida a corregir ese punto de la máquina que está fallando. Es por eso que si sufres incontinencia es importante que consultes a tu médico, pues seguramente te esté impactando de forma negativa a tu calidad de vida cuando posible disminuir o incluso solventarla. 

 

Si necesitas un urólogo, puedes contactar conmigo aquí.

 

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