¿Puede aumentar de tamaño la próstata?

La próstata es una glándula del tamaño de una castaña que se encarga de fabricar la mayor parte del contenido del semen y se encuentra situada justo debajo de la vejiga rodeando la uretra (el conducto por donde se elimina la orina).

Con la edad la próstata puede aumentar de tamaño, a los 50 años alrededor de la mitad de hombres presentan agrandamiento de la próstata y esta cifra va en aumento a medida que pasan los años, siendo aproximadamente 90% entre hombres de 85 años. Al aumentar de tamaño, la próstata puede presionar la uretra, causando dificultades para orinar. Es este agrandamiento de la próstata junto a la dificultad para orinar lo que se conoce como hiperplasia benigna de próstata, o más coloquialmente prostatismo o próstata grande.

 

 

Los síntomas de la hiperplasia benigna de próstata dependen del grado de presión que haga la próstata sobre la uretra, siendo diversos y en diferente grado de intensidad. Dado que la próstata comprime la uretra, esto dificultará la micción y obligará a la vejiga a trabajar con más fuerza para vaciarse, lo que a efectos prácticos se traduce en dificultad para iniciar el chorro de la orina, chorro débil, micciones más alargadas o entrecortadas, sensación de que no se ha orinado por completo, necesidad de apretarse la barriga para orinar o  goteo al terminar.

 

Con el paso del tiempo, la vejiga que ha estado trabajando con más esfuerzo puede resentirse, apareciendo síntomas como el aumento del número de veces en las que se orina de día o durante la noche, sensación urgencia de orinar o escapes de orina. En casos más avanzados en los que la vejiga ya no consigue vaciarse por completo la orina queda remansada favoreciendo infecciones de orina o formación de cálculos urinarios (piedras). Otra situación es la compresión total de la uretra que imposibilita la micción, necesitando colocarse una sonda de la orina para vaciar la vejiga.  Finalmente,  esta dificultad de vaciado a largo tiempo podría afectar la función de los riñones.

 

Para el diagnóstico de la hiperplasia benigna de próstata el médico realizará un tacto rectal y una analítica para ver el PSA (ambas cosas servirán además para el despistaje de cáncer de próstata que recordemos no tiene relación con el prostatismo ya que esta una condición benigna), también puede solicitar un análisis de orina, una prueba llamada flujometría en la que se estudia como es el chorro de la orina y una ecografía abdominal para ver si la vejiga vacía toda la orina y también medir el tamaño de la próstata. En algunas ocasiones, el médico puede solicitar la ecografía vía transrectal para averiguar el tamaño de la próstata, que aunque es más molesta permite un mejor estudio de su tamaño.

 

A pesar de que dos hombres presenten el mismo tamaño prostático, dado que cada cuerpo es diferente, puede encontrarse el primero totalmente asintomático y orinando perfectamente mientras el segundo presenta muchas molestias. Es por eso, que el tratamiento de la hiperplasia benigna de próstata lo guiarán principalmente los síntomas. Igual que hay diferentes niveles de molestias urinarias causadas por el aumento del tamaño de la próstata, hay diferentes escalones de tratamiento para cada situación en los que se encontrarán los cambios de estilo de vida más saludables para la micción, diferentes tratamientos farmacológicos que pueden usarse solos o en combinación y finalmente la cirugía de la próstata cuando los dos anteriores no han sido eficaces para tratar el prostatismo.

 

 

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