Gánale la carrera al cáncer de próstata, literalmente

Hace escasas semanas se publicó un estudio que analizaba los beneficios y la repercusión del ejercicio físico sobre el cáncer de próstata – patología que viene a la cabeza de cualquier persona al mencionar al urólogo.

 

En nuestro entorno, el cáncer de próstata es el tumor más frecuente en los hombres mayores de 70 años. Las causas de su aparición siguen siendo un misterio, aunque la edad, el origen étnico y la herencia parecen ser factores de riesgo determinantes.



Su diagnóstico pasa por un tacto rectal patológico o una elevación en la cifra del antígeno prostático específico (PSA). Cualquiera de estos hallazgos conduce a la necesidad de una biopsia transrectal de la próstata para confirmar de forma certera (estudiando las células y los tejidos) la presencia del adenocarcinoma prostático.

 

 

El tratamiento del cáncer de próstata vendrá determinado por las características celulares (grado de cambios en las células), anatómicas (tamaño, localización y relaciones del tumor), la edad, los antecedentes y las preferencias del paciente. Son muchas las opciones: vigilancia activa (sin tratamiento hasta su progresión), cirugía radicalradioterapia, crioterapia, terapia hormonal, quimioterapia, etc.

 

Así como en otras neoplasias los cambios en el estilo de vida pueden evitar la aparición y/o progresión del tumor, poco hay descrito en este asunto para complementar las terapias del cáncer de próstata. Recientemente, un estudio piloto llevado a cabo en Dinamarca se dispone a cambiar dicho panorama.

 

Su meta era demostrar que el ejercicio físico puede ayudar a controlar el cáncer de próstata. Para ello escogieron a 19 pacientes que estaban en régimen de vigilancia activa o que había recibido tratamiento quirúrgico radical y posteriormente su nivel de PSA había ascendido (esto se conoce como recidiva bioquímica). Al azar, los dividieron en dos grupos: uno que realizó ejercicio en casa tres veces por semana (45 minutos por sesión) y otro que no realizó dicho programa. Evaluaron el tiempo de doblaje de PSA (un parámetro muy útil para valorar la progresión) y observaron que este aumentaba de 28 meses a 76 en el grupo ejercitado. Además, el grupo fitness perdió de media unos 3.6 kg y mejoró sus niveles sanguíneos de marcadores metabólicos (triglicéridos, consumo de oxígeno, glucosa, etc).

 

 

Pese a que las conclusiones salen de un estudio pequeño, se abre el camino para seguir investigando al respecto, ya que algo tan simple y factible como aumentar la práctica de ejercicio físico podría marcar una diferencia en la progresión del cáncer de próstata a la par que se mejora la salud general. Todo ventajas, vaya.

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