El envejecimiento va asociado a una disminución de testosterona, no intentes cambiarlo.

Desgraciadamente no existe una fórmula para la juventud eterna, así que, hoy por hoy,  es imposible mantener permanentemente la forma física, la energía o el rendimiento que teníamos a los 20 años. Sin embargo, lo que sí que podemos, y debemos hacer es envejecer de manera saludable sin tratar de interferir en los cambios fisiológicos que se producen en nuestro cuerpo debido a nuestro envejecimiento natural.

 



Las principales funciones de la testosterona son mantener las características sexuales propiamente masculinas (el tamaño testicular, la coloración,…), el aumento de la masa muscular, la fuerza, la densidad ósea, la distribución de la grasa corporal, patrones en la distribución del pelo (ya sea la calvicie o la presencia de pelo púbico, axilar, en el pecho,…), el aumento la lívido y la fertilidad, la energía mental y física, entre otras.

 

 

Los niveles máximos de testosterona se alcanzan entre los 20 y 30 años, empezando su disminución a partir de los 35 años aproximadamente.  Así que el envejecimiento conlleva de forma natural a una disminución progresiva en la producción de testosterona, y por lo tanto, una disminución de sus niveles en sangre reduciendo su actividad en los órganos diana. Por lo tanto, al envejecer hay que asumir que se producirá una disminución en las funciones que ejercía la testosterona, como por ejemplo: vemos una pérdida de masa muscular  y un aumento del porcentaje de grasa con la pérdida de fuerza asociada, fragilidad ósea, falta del deseo sexual, malas erecciones…

 

Sin embargo, pese al proceso natural del envejecimiento no hay que olvidar que existen factores externos como el estrés, la falta de ejercicio físico, los malos hábitos como el alcohol o el tabaco, la falta de sueño o una inadecuada alimentación,… que pueden agravar aún más la disminución de los niveles de testosterona y conviene corregirlos lo antes posible para reducir los efectos generados en nuestro cuerpo.

 

En resumen, todos estos cambios que se producen paulatinamente con los años en el cuerpo del hombre no se pueden modificar aportando de forma artificial testosterona, pero sí que conviene llevar una vida lo más saludable posible para evitar un descenso en los niveles de testosterona de manera más marcada: no hay que luchar contra el envejecimiento, hay que adaptarse a él y saber llevarlo de la forma más saludable posible.

 

 

Solo en el caso de que los niveles de testosterona bajen por debajo de un límite anómalo (hablaremos de ello en otros posts del blog) es necesario suplementar y aumentar esos niveles. En nuestra opinión, existe una diferencia, habitualmente clara, entre envejecer saludablemente y tener una enfermedad. Querer envejecer saludablemente es deseable y realista –y tu médico puede ayudarte a ello-, detener el tiempo y ser eternamente joven es, a día de hoy, utópico – y todas los productos y “profesionales” que lo anuncian, sencillamente, mienten.

 

 

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